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¿Por qué no conciliamos? ¿Experiencias o cosas?

Conciliación, una opción personal.

Me acuerdo que al empezar a pensar en tener hijos, una de las cosas que más me impresionó fue la baja maternal de 16 semanas. Una cosa incomprensible e inaceptable para mí. Tenía claro que cuando quisiéramos tener un hijo, tendríamos que buscar una solución. (así nació Marabico en un futuro). Más tarde al dejar a mi hija con 18 meses en la guardería para unas pocas horas cada mañana, veía los bebés de pocos meses en las cunas y me quería llevar a casa a todos ellos. (y no porque les atendieran mal sino porque creo firmemente que un bebé de pocos meses debe estar con sus padres.)
Uno de nuestros instintos ancestrales nos anima a acumular cosas antes del nacimiento de nuestro hijo. Las hormonas, la responsabilidad y la educación se alinean para generarnos esa necesidad de conseguir objetos y regalos como antaño seguro fueron alimentos para abastecer al bebé y que llegue rodeado de abundancia.
El problema surge cuando esa situación se prolonga tras el nacimiento, y algunos padres quieren darle todo y lo mejor a su bebé, y se meten en esa espiral tan típica del sistema consumista actual que requiere estar comprando cosas constantemente para las que necesitamos más dinero y con las que surgen asociadas nuevas necesidades que requieren más dinero y más y más…
Los bebés y niños necesitan realmente muy pocas de esas cosas, salvo el alimento, su necesidad principal es nuestro tiempo con ellos, las experiencias que pasamos juntos y el afecto y tranquilidad que les aportamos para que puedan seguir ellos imitándonos y experimentando mientras siguen avanzando y creciendo.
Cuantos padres y madres no pueden estar ahí en momentos muy especiales porque tienen que trabajar para generar más dinero con el que comprar más cosas.
Es cierto que en el país y en la sociedad en la que vivimos con su legislación laboral tan precaria no permite una conciliación como la de otros países (principalmente nórdicos) que son nuestras referencias en educación, pero esto no debe servir de excusa para conformarnos y asumir que es lo normal.
Todos podemos elegir, llevamos toda la vida haciéndolo, elegimos estudios, pareja, trabajo, lugar donde vivir, casa, qué comemos, que compramos… y aun así tenemos la sensación que es algo impuesto y que una cosa lleva a la otra. A mí me ha sorprendido mucho que una cosa tan absurda como dejar a un bebé en una guardería con 16-20 semanas parece impuesto y sin cuestionar en la sociedad.

Tenemos elección. Decidir conciliar.

La gran noticia es que eso no es así. Podemos salir de esa zona de confort que ya nos crearon nuestros progenitores y podemos cambiar las cosas. No hay que ser radical, pero pequeños cambios pueden reorientar nuestra vida, y como ocurre desde que nacimos debemos arriesgarnos para mejorar y avanzar.
El nacimiento de un hijo es una de las mejores oportunidades para realizar cambios y replantearnos nuestra dirección como ya os comentamos en esta entrada. Hay muchas cosas que pueden condicionarnos como una abultada hipoteca, o un trabajo exitoso de cualquiera de la pareja, pero no deben ser condicionantes insuperables. Es el momento de decidir como queremos que sea nuestra vida con ese nuevo ser que viene a acompañarnos.

Hay mucha gente que ha dejado trabajos, cambiado de ciudad o creado empresas (Marabico es un ejemplo) para tener control del tiempo y vivir la vida que queremos con nuestros hijos.
No tiene por qué ser así y podemos continuar con nuestra vida anterior con la ayuda de guarderías, abuelos o demás ayuda si así lo decidimos, pero lo importante es que tomemos nosotros la decisión valorando los pros y contras para después no estar quejándonos constantemente y esperar de un ente superior (político o económico) la solución a nuestras limitaciones. Como en todo no creo que existan soluciones universales pero si personales, tomando consciencia de ello.
Nada es un camino de rosas, en nuestro caso optamos por pasar el mayor tiempo posible con nuestra hija y ganar libertad, y eso aunque suene bonito tiene un coste económico que hay que asumir, no hay vacaciones pagadas, ni extras, ni montones de juguetes para nuestra hija, o ropa de marca, no salimos a cenar cada vez que nos llaman los amigos… Hay que minimizar gastos, estar dispuesto a atender clientes a cualquier hora, correr riesgos… Pero es una decisión y cada día tratamos de adaptarnos y mejorar. Ejemplos mejores que el nuestro hay muchos, mamás blogueras, familias viajeras, excedencias ajustando gastos, etc.. Nosotros optamos por montar un proyecto empresarial, una amiga funcionaria optó por una excedencia por cuidado de hijos, un amigo solicitó media jornada… Sí, los ingresos disminuyen, pero ninguna ropa bonita que le podamos poner a nuestro hijo, ningún juguete caro puede comparar el tiempo que pasamos con él o ella. Y no solo desde el punto de vista del niño sino el nuestro también. Yo por nada del mundo cambiaría las mañanas que desde que mi hija era un bebé compartimos… nos tumbamos juntas, nos abrazamos, contamos lo que hemos soñado… Esos momentos no tienen precio.
Al final optemos por la opción que optemos la cuestión se basa en decidir entre experiencias o cosas y esa decisión no es única sino que la tomamos cada día de nuestra vida eligiendo entre lo uno y lo otro.
Conciliar es posible, pero no solo depende del convenio de empresa o institución en la que podamos trabajar, conciliar implica tomar decisiones individuales, de pareja, laborales y familiares. Conciliar implica decidir, y eso afortunadamente lo hacemos a diario. Conciliar depende también de cada uno de nosotros.

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