Día a día en un cole alternativo – comienza la búsqueda

Nuestra hija se viste con esmero… Es su primer día de PRIMERO DE PRIMARIA. Es un día importante, lo espera con ilusión, tiene ganas de ser mayor, de saber leer y escribir, sumar y restar. 

Unos días más tarde, somos nosotros, los padres que se sientan en el pupitre. Toca la primera reunión de cole. 

Y según avanza la reunión cada vez me siento más pequeña… Voy volviendo a mi infancia… Tengo de nuevo seis años y estoy en un pupitre igual, escuchando la maestra igualmente…. Que si se acabaron las fiestas de cumpleaños, porque esto es serio y aquí se viene a aprender. Que si los deberes… Que las reglas… que si hay que aprender mucho, porque si no en segundo será mucho más y en tercero todavía peor… Si alguien se queda atrás lo pasará mal… Como si todos los niños fueran iguales. Han pasado más de 30 años desde mi primer día en primero de primaria, pero el colegio no ha cambiado nada. Es en otro país, es otra ciudad, es otro siglo, pero nada ha cambiado. El mundo ha avanzado y mucho, todo cambia, pero la escuela sigue anclada en el pasado. 

En la reunión nadie cuestionaba por qué los niños solo tienen una pausa de 30 minutos (muchas veces menos) para jugar al aire libre, comer y beber algo… en una jornada de 5 horas. Niños de 6 años o menos, deberían estar 2  horas y media sentados en silencio, escuchando la maestra, escribiendo fichas, luego tener 30 minutos de descanso y luego otras 2 horas. Muchos de nosotros, los adultos tenemos más descansos en el trabajo. Cuando yo estudiaba cada 45 minutos teníamos 5 minutos y un recreo de 20 minutos media mañana. ¿Los niños de ahora son diferentes que cuando nosotros éramos peques? ¿No tienen esta necesidad de movimiento libre ya? ¿Con 6 años aguantan 2 horas sin moverse? ¿En silencio? ¿Escuchando y trabajando con concentración? ¿Y somos los únicos «raros» que cuestionan todo esto? 

Me apunté de voluntaria para dar apoyo en letras (un grupo de voluntarios íbamos a la clase una vez a la semana para poder trabajar con los niños es grupos reducidos) y me encantó estar con los peques. Ayudarles y apoyarles en el proceso aunque muchas veces no estaba de acuerdo con la forma de aprender, de descubrir las letras, las palabras, sus formas… Justo se perdía el descubrimiento, la magia de aprender algo nuevo que te abre el mundo… Cada vez teníamos más dudas. 

Así ha empezado nuestra búsqueda por vías alternativas. No nos podemos quejar, nuestra hija se adaptó bien al colegio, hacía los deberes, escribía las fichas y coloreaba lo que le mandaban, pero la ilusión desapareció… Ya no quería leer, ya no quería escribir, aunque hacía lo que se le pedía. Pero ya sin ganas… y aún solo estamos en primero… 

 

Sentíamos que queremos para ella algo diferente. Algo que le prepara para el pensamiento crítico, para razonar, para adaptarse a los cambios y no seguir ciegamente las instrucciones de otros para  resolver según qué problema. Algo que desarrolle sus capacidades en vez de meter en su cabeza mil datos a base de repetición. 

Así comenzó nuestra búsqueda de una escuela diferente. 

 

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