Crianza con apego, natural, tradicional… y el sentido común

Crianza con sentido comun.jpgCuando el instinto maternal y paternal surgen, antes incluso de plantearte la idea de tener hijos, suele ser un momento en que empiezas a observar a los papás y mamás que tienes a tu alrededor, a sus bebés y niños, y sin querer evalúas como lo hacen y como te gustaría hacerlo a ti. Algo parecido ocurre un tiempo después, cuando el bebé ya viene en camino y los libros y artículos que lees, la mayoría versan sobre el futuro integrante de nuestra familia y como afrontar su crianza. Se convierte aquello en una verdadera tesis doctoral, en la que términos como crianza de apego, lactancia a demanda, o alimentación complementaria, baby-led-weaning, dormir en habitaciones separadas o colecho y un largo etcétera llevan a sesudas disertaciones sobre sus pros y contras.cambiando_al_bebé_en_montaña.jpg
Además curiosamente son temas que como en el caso del fútbol, todo el mundo tiene una opinión a cual más correcta. Las abuelas, las otras madres, el pediatra, la matrona…eso por no hablar de que el propio sistema de salud, ya no solo en países diferentes, sino en las mismas comunidades autónomas afrontan temas como el parto, las vacunas o la lactancia de manera diferente.

Es por todo ello que me he animado a escribir este artículo, para desdramatizar y sobre todo naturalizar unas situaciones que por supuesto no son ni blancas ni negras, son nuestro día a día como papás.mamá_y_bebé_recien_nacido.jpg

Si algo he aprendido en estos casi cuatro años desde que me concedieron el título de papá, es que somos una generación sobreinformada, ya que “San Google” tiene respuestas para todas nuestras preguntas, y estas además de no estar siempre verificada nos puede llevar por caminos y enlaces hasta conclusiones a veces muy desvariadas. De este modo una simple consulta sobre una mancha en un bebé nos puede hacer concluir que tiene una enfermedad tropical gravísima aún sin haber salido nunca de casa.

Esta sobreinformación digital se complementa con lo que nos llega de nuestro entorno más cercano o de las revistas divulgativas que nos rodean y que a veces generalizan demasiado.
Está claro que la maternidad o paternidad y en especial cuando se trata de la primera vez, es una asignatura que no nos enseñan, y la mayor parte de nuestros conocimientos vienen por la observación y la imitación, aun cuando no sabemos si son los mejores ejemplos los que tenemos cerca.
La buena noticia es que nuestro instinto sí está preparado y nuestras decisiones más instintivas y naturales casi siempre son correctas. Además y por si fuera poco el recién llegado es una persona, y como tal no tiene un comportamiento predefinido y robotizado, bien al contrario tendrá reacciones originales e imprevistas.
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Nuestra experiencia de padres y como asesores de muchos papás y mamás en la compra de sus productos, es que hay una norma que siempre funciona, y esa es el sentido común.  Razones para dar el pecho al bebé hay miles y todas muy buenas, pero si a la mamá le duele mucho y está sufriendo, lo lógico es darle biberón y disfrutar. No tiene que haber reglas inquebrantables ni con la lactancia, ni con el parto o la cesárea, ni con nada que supere la lógica de cada situación.

BLW_crianza_natural.jpgTodos estamos de acuerdo en que dar el pecho, usar productos naturales o dormir con el bebé son cosas buenas, pero no indispensables. Lo más importante es la actitud que tengamos y poder pasar el máximo tiempo de calidad con nuestros hijos.
No hay que obsesionarse con la manera de hacer las cosas, ni creer que sólo hay una forma correcta. La crianza es una relación entre nosotros y nuestros peques y hay muchas maneras de llevarla a cabo, dependiendo de nuestra situación y condiciones específicas. Informarse siempre y consultar con los especialistas, pero con espíritu crítico y adaptándonos a nuestras particularidades. No es lo mismo si los padres trabajan a turnos, si están de baja, si vivimos en el trópico o cerca del Polo.
Además los bebés desde que nacen van desarrollando su personalidad, y unos son más movidos, otros más tranquilos, los hay que crecen más rápido, que tardan más en hablar… y un sinfín de variables que no debemos pretender que sean iguales. Ni ellos como hijos, ni nosotros como padres.

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