Despacito… al ritmo de los niños

 

Esta mañana he visto una mamá avanzando por la acera a grandes zancadas… sujetando a su hija de 3-4 añitos de la mano y ella casi iba corriendo para poder mantener el ritmo. Si fuera una cosa que solo se ve alguna vez, no pasaría nada, pero es habitual. Casi todas las mañanas se ven escenas así. Ahora vivimos en la gran ciudad por una temporada y aquí es peor. Pero lo más triste es que lo vemos igual en el monte… Un sábado por la mañana, excursión familiar por el Pirineo y los padres con su ritmo habitual con pasos rápidos (que seguramente para ellos serán los pasos normales) y los niños corriendo detrás. Y si se quedan atrás para admirar una hoja o se agachan para ver las hormigas, enseguida llega la voz ¡Venga vamos!

Debemos respetar el ritmo de los niños. Está claro que hay momentos que tenemos prisa, que no llegamos al cole, al trabajo, pero si hace falta tenemos que salir antes para poder disfrutar del paseo juntos, de charlar. Hay días que todo se confabula, pero en un día normal no debería ser así. Deberíamos darnos cuenta que nuestros pasos son más largos que los suyos y en un paso nuestro, el peque debe dar 2-3 pasos. Casi corriendo. Si tenemos prisa, podemos decirle que ahora no podemos parar a ver todo, porque hay prisa, pero debería ser la excepción y no el ritmo diario.

En la formación de guías de montaña una regla que se aprende es: el ritmo del grupo es el ritmo del integrante más lento del grupo. Tenemos que avanzar al ritmo del último en la fila. Y llegar a dónde lleguemos con este ritmo.

 

Veo peques que ya no quieren ir en el carro, pero les meten ahí, porque es más rápido. Sí, es verdad, que este momento, cuando un niño deja el cochecito es muy complicado. Hasta ahora le metíamos e íbamos a nuestro ritmo a todos los sitios. Pero ahora ya no quiere ir, quiere ir andando y avanza un paso adelante dos atrás. Es una época, pasa tan rápido, respetemos su decisión y si no quiere ir en el cochecito vayamos andando.

Sí, un trayecto de 10 minutos se convierte en 30… pero esto dura 2-3 meses, luego se acostumbra, sus pasos serán más seguros e irá a un ritmo “normal” de niño.  Merece la pena esta transición…y disfrutar también nosotros de ese otro ritmo, fijarnos en los detalles y desconectar de las prisas. Ver como aprende a ir, como aprende a “circular” a esquivar otras personas, a empezar a fijarse en los semáforos.

Además, hay que darse cuenta que el ritmo general es más lento… No solo sus pasos, sino como viven su día a día. Descubren todo, les parecen interesantes las palomas, las nubes, el perro que cruza, el semáforo y todo. Nosotros creemos que ya  hemos  visto todo, que nada va a sorprendernos, ni siquiera levantamos la vista, pero ellos sí. Y si les dejamos nos mostrarán su mundo. En un lunes o jueves por la mañana también, no solo el fin de semana.  

Hace poco se celebraba el Día Mundial de los Derechos del Niño. Un derecho suyo es no tener que llevar nuestra vida estresada desde bebé, desde sus primeros pasos. Tener derecho a ir entre semana también a su ritmo y no adaptándose siempre al ritmo de los mayores. Respetemos el ritmo de los niños, como ellos respetan el nuestro.

Si esta entrada te ha parecido interesante compártenos en tus redes sociales y suscríbete para no perder las noticias y artículos sobre viajar y salir a la naturaleza con bebés. DESCARGA GRATIS la MiniGuía de #viajarconbebes. ¡Suscríbete!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *