Viajar con bebés – Isla Martinica

Ya se han acabado las navidades, las luces de las calles se apagan, las tardes son largas y frías así que para levantar los ánimos hoy viajamos a la Isla Martinica en el Caribe. Un destino perfecto para viajar con bebés.

En noviembre del año pasado teníamos unas fechas concretas para  viajar, pero no teníamos decidido el destino. Como la fecha se acercaba, las posibilidades disminuían, porque ya no nos daba tiempo a obtener visados, vacunarnos si hacía falta… Al final, tres días antes de la fecha de salida, el azar y las señales nos presentaron un destino de ensueño: Martinica o Guadalupe. Hemos encontrado en una página de chollos de viajes unos billetes desde París a estas islas a mitad de precio y al final decidimos viajar a Martinica. A ninguna de las dos islas hace falta visado ya que son territorios de ultramar de Francia, así que forman parte de la Unión Europea, ni hace falta pasaporte, con el DNI viajamos.

Fuimos 2 horas de coche a Pau, Pau-París en avión y de París a Fort-de France otras 9 horas. Volábamos con Corsair que ganó muchos puntos como aerolínea amiga de padres con bebés… Por una parte porque el billete para menores de 2 años sí que era casi gratis  (3 euros o algo así) no como en otras aerolíneas… Por otra parte por el trato recibido. Nos asignaron los asientos con espacio extra, trajeron una minicuna de cartón para el suelo,  almohada, mantas y colchón para la cuna, comida para Mara con babero y un juguete incluido.

Dormimos un poco en el avión y llegamos a Martinica por la tarde (por la noche según hora española contando las 5 horas de diferencia). La primera impresión para la que íbamos preparados: QUÉ CALOR!!! QUÉ HUMEDAD!!

Eso hace que todo ocurra más lento… al llegar, nosotros acelerados y la gente local con su ritmo tranquilo… Ese ritmo ralentizado es una de las razones por la que Martinica es perfecto para viajar con bebés o niños. Viajar con ellos es diferente, todo se ralentiza y eso se acerca mucho al ritmo caribeño… No hay prisas… Todo llegará…

Tuvimos la suerte de alojarnos en dos partes muy diferentes de la isla, al llegar nos fuimos a la parte norte y atlántica mucho menos turística donde convivimos con la gente de allí, conociendo sus costumbres, su forma de vida. A pesar de su fama huraña nosotros encontramos gente muy muy agradable que le encantan los niños. La segunda semana la pasamos alojados en la parte sur caribeña donde encontramos mucho más turismo y servicios. En cualquier caso con un coche de alquiler con silla de bebe te mueves casi por cualquier sitio en poco tiempo y el aire acondicionado mitiga ese primer cambio hasta que te adaptas.

Para describir la isla en general, creo que la palabra perfecta es exuberante. El aire cálido y húmedo, la vegetación densa, verde, los chaparrones repentinos, el olor a mar y las flores exóticas.

Y la fauna… hay que hablar de ello… El primer día mirando por la ventana descubrimos un colibrí revoloteando en el árbol de enfrente. Pero hay que mencionar los cienpies rojos, los lagartos que saltan, los mosquitos y las moscas jeje que me picaron muchísimo y un largo etcétera de todo tipo de bichos. Hay de todo… Bonito y menos bonito, como suele ser en un sitio con mucha vegetación y humedad. Imprescindible la buena protección contra picaduras y productos para aliviar el picor. Por la humedad la gran mayoría de las casas presentan un aspecto de abandono, de deterioro y  hay que compartir el alojamiento con la fauna local… Hay que mencionarlo.

Pero las playas de la isla compensan por todos los inconvenientes o molestias. No tienen nada que ver con las europeas, en la isla las playas forman parte de la naturaleza, el bosque llega hasta unos metros de la orilla, las palmeras tocan el agua y la arena es natural, de tan poco unos metros de ancho. Hay muchísimas, de todo tipo. Con más olas, con menos o sin olas.. Con arena negra o blanca. Con palmeras o con bosque tropical, equipadas o totalmente salvajes… Para mí el agua estaba perfecta. No tan caliente que no refresque nada, pero tampoco fría al entrar. Podíamos estar en el mar jugando durante todo el tiempo que quisiéramos. Del sol podemos escondernos en la sombra de los árboles dónde corre una brisa del mar…

Esta brisa es la que hace agradable el clima de Martinica. Tardamos unos días en acostumbrarnos al calor y a la humedad, Mara también sufrió lo suyo, pero en unos días el cuerpo se adapta y nos pareció un clima muy agradable con la brisa refrescando el ambiente constantemente.

En nuestro caso visitamos la isla en noviembre, una época recomendable, ya que la temporada alta empieza en diciembre. En noviembre podemos aprovechar las ofertas por ser temporada baja, precios más bajos en alojamientos y en vuelos y hay menos turismo.

Actividades con niños en Martinica

Lo principal es recorrer las playas y disfrutar. Nos pusimos crema solar de máxima protección, estar mucho en la sombra, jugar en la arena, aprovechar la naturaleza en estado puro. En una de las playas escondidas descubrimos pequeñas tortugas nadando en el agua… Ver corretear los cangrejos, jugar con los cocos en la arena, mirar y escuchar los pájaros, disfrutar del chaparrón repentino y cálido escondiéndose hasta el cuello en el mar…

Hicimos excursiones por el mangrove andando, para disfrutar del entorno tan distinto a lo acostumbrado, una experiencia sin duda.

Hay muchas opciones de excursiones con barco pero nosotros al final preferimos la soledad de las playas y las montañas y no las probamos.

¿Por qué me parece un destino recomendable para viajar con bebés?

1. Por la distancia, ni corta, ni excesivamente larga incluso como primer viaje fuera del continente, para probar y coger confianza.

2. Como pertenece a la Unión Europea no hace falta ningún documento especial para viajar, ni pasaporte, ni visado.

3. No hacen falta vacunas.

4. El ritmo de no estrés, no prisas

5. La naturaleza en estado puro para disfrutar con nuestros hijos

6. Las playas… Ver a mi hija jugar y corretear libremente riéndose, cubierta de arena sin molestar a nadie…

Nosotros estuvimos 15 días y nos faltaban más… Es una isla pequeña, pero suficientemente grande para no aburrirse ni un segundo.

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