Viajar con niños – Viaje familiar en invierno a Ibiza en furgo

Este invierno recorrimos Ibiza en familia en la entrada anterior puedes leer nuestras sensaciones. En esta segunda parte queremos detallar la ruta con la furgoneta, donde dormimos, donde comimos y qué sitio nos ha gustado más. 

Estamos descubriendo el mundo furgonetero. Desde hace unos meses tenemos en la familia una Rifter que se ha convertido en nuestro aliado en los viajes y aventuras familiares. En diciembre estuvimos unos días por la playa, después algunas noches sueltas en el Pirineo (en diciembre) y a finales de febrero pasamos una semana en Ibiza con la furgo.

A la isla llegamos en ferry de Balearia desde Valencia, a las 3 de la mañana. Viajar en ferry es altamente recomendable si vas con niños, hay espacio y tiempo para descubrir el entorno. Ya el embarque es emocionante, luego ver alejarse la tierra, entre que se recorre el barco y se descubre todo lo que se puede ver y se come algo, ya ha pasado la mitad del viaje. A nuestra hija le encantan los ferries, y con Balearia, es la segunda vez que viajamos con ellos.

Al llegar a Eivissia, nos echamos a dormir en un parking cerca del puerto. Por la mañana después del primer desayuno en una cafetería en la playa, pusimos rumbo a la parte noroeste de la isla. Sin planes previos, sin ninguna planificación la suerte nos llevó a la Cala Martina. Ahí descubrimos una playa de piedra con un restaurante en la misma orilla que estaba abierto (luego nos dimos cuenta que no era lo normal encontrar algo abierto) con la generación hippy jubilado ocupando las mesas. El lugar tenía un atmosfera especial. Dimos un paseo por el sendero que discurría por las rocas y seguimos.

Paramos a descansar en la cala de Pou des Llenó un sitio alejado de todo que no tiene ni cobertura para el móvil. La peque y su padre improvisaron una pequeña escalada por las rocas de la cala.

Por la tarde intentamos a comprar pan y es cuando nos dimos cuenta que gran parte de los comercios de la isla están cerrados. Nos ha costado recorrer 3 pueblos hasta que al final pudimos comprar algo. Cenamos en el restaurante Can Rei en San Miguel (no en el puerto sino en el mismo pueblo) compartiendo una cena buenísima con los habitantes del pueblo que entraron para tomar la cerveza de la tarde.

La noche la pasamos en Cala Benirras que a pesar de su fama no nos impresionó a la primera vista. Un aparcamiento iluminado con focos, todo cemento…al final encontramos un rincón tranquilo y a dormir.  Pero por la mañana las vistas compensaron la desilusión de la noche, desayunamos en un embarcadero de madera suspendido encima del agua con unas vistas impresionantes. Aprovechamos la tranquilidad para trabajar un ratito en este lugar privilegiado mientras nuestra hija descubría los alrededores y recogía piedras con otros dos niños.

Continuamos rumbo al norte de la isla por carreteras estrechas y llenas de curvas que invitaban a ir despacito y disfrutar de los alrededores. Almendros en flor, praderas salpicadas con flores coloridas, casas rústicas, tractores trabajando y parcelas delimitadas con muros de piedra seca nos acompañaron por la ruta por las montañas.

Llegamos a San Juan de Bautista un pueblo escondido entre las montañas con su plaza y su cafetería abierta, gente trabajando que se acercaba para tomar algo.

Nos encantó el pueblo. Pequeñito, pero con vida y mucho trajín y con unas vistas impresionantes a las montañas. Hemos decidido pasar una noche en un hotel o apartamento, pero lamentablemente en el pueblo no había nada abierto para alojarnos. Nos recomendaron unos apartamentos en Portinatx así que fuimos hacía ahí. Cogimos unos apartamentos suspendidos en las rocas encima de la cala Petit Arenal, que no nos gustó especialmente, pero lo que se veía de su  enorme terraza era impresionante. Pasamos dos noches en el mismo sitio descansando. Playas vacías, sitio para correr, para jugar, para disfrutar las vistas. Comimos muy bien los dos días en el restaurante Sa Descuberta.

Al dejar el alojamiento seguimos recorriendo la ruta en la parte noroeste de la isla y por el camino nos topamos con una fiesta local, el encendido del tradicional “forn de pega” en Santa Agnes. Otra vez más nos encantó la sensación de compartir momentos con la gente ibicenca.

Nos dimos un chapuzón en Cala Gracio y Gracioneta, improvisando una taller de fotografías del atardecer (espectacular en toda la isla). Visitamos Eivissia, el centro histórico a la luz del atardecer. 

La noche la pasamos en un acantilado en la Cala de H´Ort (concretamente marca parking turístico Cala de H´Ort) un sitio espectacular, tranquilo, y con unas vistas impresionantes. Es un gran descampado encima de la cala con vistas y muy tranquilo. Por la mañana disfrutamos de nuestro desayuno soleado con vistas al mar.

Tuvimos mucha suerte con el tiempo, tuvimos sol y calor todos los días. Por la noche refrescaba, pero en la furgoneta no pasamos frío en ningún momento.  

Resumiendo, Ibiza en invierno es un acierto y para ir con la furgo y con niños es un destino más que recomendable. Seguramente en verano será diferente, nosotros solo conocimos en este viaje la isla tranquila y rural que nos encantó.

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